Nardini, junto a otros intendentes bonaerenses de peso: ¿toma forma una alianza para 2027?

El jefe comunal de Malvinas Argentinas recibió a dirigentes de peso del Conurbano y del interior bonaerense durante la apertura de los Juegos Argentinos Urbanos. La presencia de Fernando Espinoza, Alberto Descalzo y un hombre cercano a Mario Ishii alimentan las versiones sobre una nueva mesa con la mirada puesta en 2027.

En política, las fotografías rara vez son inocentes. Algunas registran un acontecimiento; otras, además, intentan anticipar el futuro. La que dejó la apertura de los primeros Juegos Argentinos Urbanos en Malvinas Argentinas pertenece, al menos por ahora, a esta segunda categoría. Alrededor de Leo Nardini se ubicaron dirigentes con trayectoria, territorialidad y capacidad de interlocución dentro del peronismo bonaerense. La pregunta, entonces, excede largamente el acontecimiento deportivo: ¿está empezando a tomar forma una nueva articulación de intendentes con la mirada puesta en la sucesión provincial de 2027?

El anfitrión no parece dispuesto a esperar que el calendario electoral ordene por sí solo sus ambiciones. Nardini, que gobierna Malvinas Argentinas, viene construyendo una posición propia en el complejo tablero del justicialismo provincial. La Gobernación es el horizonte que aparece detrás de sus movimientos, aunque todavía quede un largo recorrido por delante y numerosas variables por despejar. En ese contexto, cada encuentro adquiere una dimensión adicional: no sólo importa quién participa, sino también quién acepta compartir la escena.

En la apertura de los Juegos estuvieron Fernando Espinoza, intendente de La Matanza; Alberto Descalzo, exintendente de Ituzaingó y referente histórico del distrito; Pablo Garate, intendente de Tres Arroyos; y Pablo Mansilla, secretario de Gobierno de José C. Paz y hombre de máxima confianza de Mario Ishii. También participó el diputado provincial Luis Vivona, uno de los dirigentes más cercanos a Nardini.

La nómina tiene su propia gramática política. Espinoza representa el peso específico de La Matanza, el distrito más poblado de la provincia y una pieza ineludible en cualquier construcción que aspire a reunir volumen territorial dentro del peronismo. Su presencia no implica, por sí sola, un alineamiento electoral definitivo, pero sí vuelve significativa la posibilidad de una interlocución fluida con el jefe comunal de Malvinas Argentinas.

La relación entre ambos distritos, de hecho, no nació ayer. Tiene antecedentes y se apoya en una tradición de vínculos políticos que se remonta a los tiempos de Alberto Balestrini, cuando La Matanza era una referencia central para la organización del poder peronista bonaerense. Esa continuidad importa: en un espacio donde las lealtades suelen convivir con las conveniencias y las alianzas se revisan según las circunstancias, las relaciones construidas durante años pueden funcionar como un activo difícil de improvisar.

El caso de Descalzo presenta otra particularidad. Su trayectoria al frente de Ituzaingó y su condición de dirigente histórico lo convierten en una voz con experiencia y capacidad de consulta. El vínculo entre su distrito y Malvinas Argentinas es de larga data, y su presencia puede leerse como una señal de continuidad entre generaciones de dirigentes municipales. No es un dato menor para Nardini, que necesita ampliar su interlocución más allá de su propio territorio si pretende instalar una candidatura competitiva para la sucesión bonaerense.

La incorporación de Garate agrega una dimensión distinta. Su presencia introduce al interior provincial en una escena dominada habitualmente por las disputas del conurbano. Una eventual construcción de alcance bonaerense no puede limitarse a sumar intendentes del Gran Buenos Aires: necesita, además, demostrar que tiene capacidad para conversar con realidades territoriales diferentes. En una provincia tan extensa y heterogénea, la representación política también se mide por la geografía.

Pero quizá una de las señales más interesantes de la jornada haya sido la presencia de Pablo Mansilla. Su cercanía con Mario Ishii, intendente de José C. Paz y dirigente con peso propio en el peronismo, abre una ventana hacia otra zona de influencia del mapa político provincial. En términos de construcción política, el dato permite pensar en una trama de relaciones que no se agota en los vínculos personales del anfitrión, sino que empieza a conectar distintos núcleos de poder municipal.

En esa arquitectura, Luis Vivona ocupa un lugar particular. Hombre de confianza de Nardini, el diputado provincial impulsó la Ley de Deportes Urbanos Bonaerense, una iniciativa que encontró en los Juegos Argentinos Urbanos una oportunidad para materializarse. El evento, organizado conjuntamente por el Comité Olímpico Argentino y el Municipio de Malvinas Argentinas, reúne a más de 700 atletas de 22 provincias.

El deporte ofrece, en este caso, algo más que una agenda institucional. Permite reunir dirigentes bajo una convocatoria que no obliga a explicitar diferencias ni a anunciar acuerdos políticos. Es una forma eficaz de compartir espacio, habilitar conversaciones y exhibir capacidad de organización sin necesidad de convertir cada encuentro en una declaración electoral. La política, cuando funciona con discreción, suele preferir estos escenarios: los anuncios pueden esperar; los contactos, no.

¿Estamos, entonces, ante el nacimiento de un nuevo espacio de intendentes? Todavía sería prematuro afirmarlo. Una fotografía no constituye una alianza, del mismo modo que una coincidencia en un acto no equivale a un compromiso de cara a las urnas. Para que la hipótesis se convierta en una estructura política reconocible deberán aparecer otros indicios: nuevas reuniones, una agenda compartida, acuerdos sobre el rumbo del peronismo provincial y, eventualmente, una posición común frente a la disputa por la Gobernación.

Sin embargo, el interrogante ya está planteado. La expectativa de que otras figuras relevantes de la política bonaerense se acerquen durante el desarrollo de los Juegos agrega suspenso a una escena que, de momento, conviene observar con atención. Si la nómina de visitantes se amplía, habrá más elementos para determinar si se trata de una convocatoria circunstancial o del primer ensayo de una mesa política.

Nardini parece haber entendido que una candidatura provincial no se construye solamente desde la gestión municipal ni alcanza con expresar una aspiración personal. Hace falta acumular relaciones, generar confianza, reunir respaldos y, sobre todo, conseguir que otros dirigentes encuentren razones para sentarse a conversar bajo una misma convocatoria. El poder territorial sigue siendo una moneda de cambio decisiva en el peronismo bonaerense, pero su valor depende también de la capacidad de articularlo.

En definitiva, los Juegos Argentinos Urbanos tienen sus competencias, sus atletas y sus resultados. En paralelo, la política bonaerense disputa otra carrera, mucho menos visible y bastante más prolongada. Nardini intenta ganar posiciones antes de que se largue oficialmente la competencia por 2027. Y si la foto de Malvinas Argentinas pretende transmitir un mensaje, es que el intendente no quiere llegar a esa largada en soledad.

Por ahora, no hay una nueva liga de intendentes formalmente constituida ni un acuerdo electoral que pueda darse por cerrado. Hay algo más elemental, aunque políticamente relevante: dirigentes de distinto peso y procedencia compartieron una misma escena, en un distrito gobernado por alguien que aspira a conducir la provincia.

En el peronismo, donde las candidaturas suelen empezar a discutirse bastante antes de que alguien se anime a pronunciarlas en voz alta, esa clase de imágenes puede ser el comienzo de una conversación. Y, a veces, la conversación es precisamente la primera forma de construir poder.