¿Intervención en AATRAC? El trasfondo de una disputa que podría replicar el modelo UOM

La operación judicial de la administración de Javier Milei entre los metalúrgicos amenaza con convertirse en una política de Estado frente a cualquier interna sindical.

La reciente intervención judicial dispuesta en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) puede haber sentado un precedente que el gobierno nacional estaría dispuesto a convertir en política de Estado y podría impactar en la situación en el sindicato del Correo Argentino (AATRAC).

Ante este escenario, surge un interrogante que gana fuerza en los pasillos gremiales: ¿la intervención judicial se transformaría en la herramienta principal del Ejecutivo frente a cualquier interna sindical?

En este contexto de tensión, la disputa interna en ATRAAC habría escalado tras la presentación de una lista opositora que busca desplazar a la actual conducción nacional, la cual, curiosamente, se mostraría alineada con las políticas de la administración Milei.

La conflictividad en el gremio parece no ser sólo política, sino que habría derivado en denuncias judiciales concretas. Desde el frente opositor sostienen que la conducción actual estaría incurriendo en presuntas maniobras de administración fraudulenta y lavado de activos vinculadas a la gestión de hoteles y bienes del sindicato. Estas operaciones son supuestamente lideradas por integrantes del consejo directivo en complicidad con su círculo familiar.

Asimismo, la oposición denunció una supuesta adulteración sistemática de los padrones, que contarían con socios fallecidos hace décadas o personas ajenas al objeto social del gremio. De comprobarse esto, constituiría un posible delito electoral.

El malestar de los afiliados parece agudizarse por la brecha entre la situación económica de los trabajadores y los números de la empresa. Mientras un administrativo o cartero percibiría un sueldo básico de $850.000, el superávit de la empresa estatal ascendería a 250 millones de dólares.

Según dirigentes opositores, la actual conducción justificaría esta realidad bajo el argumento de que el sindicato «nada puede hacer», una postura que muchos afiliados interpretan como una renuncia a la defensa de sus derechos laborales.

El interrogante sobre el desenlace de esta historia permanece abierto. ¿Podría la Justicia dictar una intervención en AATRAC, replicando el caso de la UOM, o finalmente se garantizaría un proceso electoral transparente donde se respete la voluntad de los trabajadores?